El uso intensivo de pantallas, algunos medicamentos o determinadas enfermedades pueden agravar una de las molestias oculares más frecuentes en la población.
El ojo seco es una de las consultas más frecuentes en oftalmología y puede afectar de forma significativa al bienestar visual y a la calidad de vida. Se trata de una alteración de la superficie ocular que puede aparecer en cualquier época del año, aunque algunos factores habituales como el uso de pantallas, tomar determinados medicamentos o sufrir ciertas enfermedades pueden favorecer su aparición o empeoramiento. Durante los meses de verano, además, el uso continuado del aire acondicionado o la exposición a ambientes secos pueden contribuir a intensificar sus síntomas. Los especialistas advierten de la importancia de identificar estos factores y adoptar medidas preventivas para proteger la superficie ocular y mantener una buena salud visual.
– Aire acondicionado, calefacción y ambientes contaminados: El uso del aire acondicionado en verano o de la calefacción en invierno tiende a reducir la humedad ambiental, lo que acelera la evaporación de la lágrima y puede favorecer la aparición o el empeoramiento de los síntomas del ojo seco. Este efecto es especialmente frecuente en espacios cerrados como oficinas, vehículos o viviendas, donde la exposición es prolongada. Además, la exposición al humo (como el del tabaco) o a entornos con contaminación ambiental puede irritar la superficie ocular y agravar las molestias.
– Uso intensivo de pantallas: El uso prolongado de ordenadores, móviles o tablets reduce la frecuencia del parpadeo, lo que dificulta la correcta distribución de la lágrima sobre la superficie ocular. Como consecuencia, los ojos se resecan con mayor facilidad y pueden aparecer molestias como escozor, sensación de arenilla o visión borrosa. «Cuando estamos frente a una pantalla, podemos parpadear hasta un 60% menos de lo habitual, lo que favorece la evaporación de la lágrima».
– Enfermedades sistémicas y alergias: Algunas enfermedades, especialmente las de origen autoinmune, pueden afectar directamente a la producción y calidad de la lágrima. Es el caso de patologías como el síndrome de Sjögren, la artritis reumatoide o el lupus, que pueden provocar sequedad ocular persistente.
Además, aunque de forma más puntual, procesos como las alergias también pueden inflamar la superficie ocular y agravar los síntomas de ojo seco, especialmente en determinadas épocas del año.
– Menopausia y cambios hormonales: Los cambios hormonales, especialmente durante la menopausia, influyen directamente en la producción y estabilidad de la lágrima. Por este motivo, el ojo seco es más frecuente en mujeres a partir de cierta edad. «Las hormonas desempeñan un papel clave en el equilibrio de la película lagrimal, por lo que sus alteraciones pueden favorecer la aparición o el empeoramiento del ojo seco».
– Algunos medicamentos: El uso de ciertos fármacos también puede contribuir a la sequedad ocular. Entre ellos se encuentran algunos antihistamínicos, antidepresivos o anticonceptivos, que pueden disminuir la producción lagrimal o alterar su composición.
Detectar a tiempo el ojo seco y sus causas es fundamental para evitar complicaciones y mejorar el bienestar visual.
Fuente: https://www.imopticas.es/
